Kilimanjaro. El propio nombre es un misterio coronado por nubes. Su nombre es una metáfora de la impresionante belleza de África oriental. Uno lo entiende cuando lo ve. No sólo es el pico más alto del continente africano sino que es la montaña solitaria más alta del mundo, alzándose en soledad desde los 900 metros del monte bajo de su base hasta los 5.895 m. Su cima es una de las más accesibles entre las de alta montaña. La mayoría de los montañeros llegan hasta el borde del cráter con poco más que un bastón para caminar, ropa adecuada y determinación. Y los que alcanzan Uhuru Point, la cima real o Gillman’s Point si se escoge la subida por el refugio Marangu o Stella Point si se sube por el campamento Barafu, al borde del cráter se llevan a casa sus certificados de ascensión. Y sus recuerdos.
Pero hay mucho más en el Kili que su cima. El ascenso por las laderas es un tour climático virtual, desde los trópicos al ártico. Incluso antes de cruzar los márgenes del parque nacional, a los 2.700 m., los cultivos de las laderas dan paso al frondoso bosque de montaña, habitado por el esquivo elefante, leopardos, búfalos, antílopes y primates. Más arriba nos encontramos con el páramo, zona cubierta de brezo y lobelias. Por encima de los 4.000 m. un desierto alpino en el que ya sólo encontraremos musgo y líquenes como vestigios de vegetación, da paso a una maravilla invernal de hielo y nieve y la magnífica belleza del techo del continente.
Las rutas más utilizadas son seis, aunque hay otras más difíciles para montañeros más expertos. También se puede hacer trekking por la montaña a partir de un día. Para los que quieren llegar a la cima, y quieran evitar el mal de altura se recomienda hacer un día aclimatación a mitad de camino, para un mínimo de 6 noches, en el que se puede hacer una excursión que nos ayudará a aclimatarnos y a la vez nos permitirá obtener vistas de las llanuras de Kenia y el monte Meru. Los mejores meses para ir son entre Diciembre y Febrero, meses más claros y cálidos y entre Julio y Octubre, meses más secos pero más fríos. El alojamiento durante la ascensión se hace en refugios de montaña, que tienen camas y servicios básicos, si se escoge la ruta Marangu o en tiendas de campaña, que proporcionan más intimidad, para el resto de rutas.


